Sombras que como ratas recorrían los andenes paralelos a tu paso
Enmarcaban cada uno de tus movimientos.
La respiración crujía en tus pulmones haciendo un ruido continuo ante aquel inmenso silencio.
El temblor de tus pupilas, dilatadas, que se movían al unísono,
Nerviosas, en estado de alerta, reservando un posible y último suspiro,
Te asfixiaban en tus propios pensamientos.
Las largas calles se flexionaban hacia tus adentros y te hacían preso de tu propia existencia.
No corras, pequeño ignorante sabedor de tantas injusticias…
Gírate y observa cómo el abismo te persigue
Y te agarra los brazos, y te roba el alma.
Siéntete impotente, la luna ha preferido huir esta noche.
Torrentes de agua incineraban las pocas figuras corpóreas
Las cuales te acompañaron durante corto tiempo en la, ahora, soledad infinita.
“Ahora”, derrúmbate, cae de rodillas.
Los charcos de sangre que tú mismo dejaste coagular se apoderarán de ti.
Aquel mundo simple no te hizo sabedor de lo que buscaban tus entrañas.
Eres culpable, pues, de la extinción mental del prado dorado en el que todos vivían.
Capaz de descontrolar lo incontrolable,
Tu existencia se prendió de la muerte de todos los cadáveres blancos
Que, hasta entonces, te esperaron con paciencia.
Tú llegaste aquí.
Las puertas del infierno de la perfección se abrieron ante tus ojos
Y no llegas a alcanzar aún con tu vista el dintel superior y finito de ellas.
Individuo insignificante, obstruido en la realidad en la que tú mismo quisiste verte emergido.
Las raíces de tu conciencia seguirán creciendo por sí solas,
Sin que seas capaz ya de tomar decisión ninguna.
Como preso de tu libertad,
Sentirás como las áridas espinas de esas raíces se injertan en todo tú
Y te rompen en ínfimos pedazos.
Totalmente reversible, tu cuerpo actuará contra ti.
Tus gritos escaparán con sigilo.
Te embocarás a ti mismo y en mitad de la oscuridad absoluta escucharás el agudo silencio.
Escarabajos blancos irán en busca de tu cuerpo frágil
Y acabarás desnudo, vidrioso, débil, inerte, etéreo.
Queriendo ser todo llegaste a no ser nada.
Aquellas inmensas puertas de plata se cerraron y tu cuerpo quedó a la mitad de ellas.
Acurrúcate, olvida, retorna,
Cierra los ojos y vuelve al mundo en el que todos sueñan.
Góndola.
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