miércoles, 3 de agosto de 2011

XVIII


En cuanto vio que el cielo se nubló por completo, que se hizo de noche y no había estrellas, que la única vela que llevaba con ella se había apagado y era incapaz de volver a encenderla...
Cuando la ventana se cerró y se quedó encasquillada con la rama del inmenso árbol del prado con el que siempre soñaba...

Ahí fue cuando hizo lo que menos debía haber hecho, no supo esperar, no supo frenar por un momento y acordarse de la frase que siempre había tenido como punto de apoyo: "tiempo al tiempo"

Ahora mismo sigue tumbada allí, mirando el cielo turbo, esperando a que amanezca, a que no haga falta vela para poder verlo todo como siempre quiso, aprendiendo a tener paciencia y aguantar hasta que el tiempo mate al tiempo.

Es lo único que espera...


Góndola.

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