viernes, 5 de agosto de 2011

VII - Al anónimo


Aúllas poemas a una luna creciente,

Arrastras tus pasos hacia aquella realidad infortunada,

Sonríes a la amargura.


Cierras los ojos y te ocultas entre la hiedra impalpable,

Hueles la noche y saboreas el rocío nocturno entre el vacío.

Humedeces tus labios con letras perfectas,

Las acaricias con tu piel mientras se deslizan por ella

Y las absorbes, transformándolo todo a tu propia verdad,

Navegando entre las calles inhabitadas

Y sembrando rosas en mitad de océanos de agua salada.


Cierras los ojos, desapareces,

Tu alma huye y se evade entre lo recóndito.


Aquél es el lugar en el cual siempre me gustaría encontrarte.

Donde haces que el tiempo se vuelva insignificante

Y se rompa en pedazos dulces.

Encontrarte tumbado, dormido

Sobre la tierra del bosque de los perdidos

Que saben donde se encuentran.


Góndola.

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