
Aúllas poemas a una luna creciente,
Arrastras tus pasos hacia aquella realidad infortunada,
Sonríes a la amargura.
Cierras los ojos y te ocultas entre la hiedra impalpable,
Hueles la noche y saboreas el rocío nocturno entre el vacío.
Humedeces tus labios con letras perfectas,
Las acaricias con tu piel mientras se deslizan por ella
Y las absorbes, transformándolo todo a tu propia verdad,
Navegando entre las calles inhabitadas
Y sembrando rosas en mitad de océanos de agua salada.
Cierras los ojos, desapareces,
Tu alma huye y se evade entre lo recóndito.
Aquél es el lugar en el cual siempre me gustaría encontrarte.
Donde haces que el tiempo se vuelva insignificante
Y se rompa en pedazos dulces.
Encontrarte tumbado, dormido
Sobre la tierra del bosque de los perdidos
Que saben donde se encuentran.
Góndola.
No hay comentarios:
Publicar un comentario