Se desdibujó en el horizonte, frágil al tacto, sensible a tus dedos…
El mar está en calma, ¿sabes? Y ya huele a noche pero el sol aún no se ha ido.
Me gusta estar aquí y percibirte en el aire, no sabía que las personas podían coger forma de cielo.
Abre la palma de tu mano fuertemente y los hierros se convertirán en seda, y se deslizarán por tu cuerpo y te dejarán huir…
Yo estaré en tu misma posición, a un lado paralelo, observándote todo el tiempo.
Veré que te levantas a mi son, que todo acto que realicemos es el mismo, como un espejo.
Ahora que ya oscureció debemos estar preparados para dar el primer paso, notar la humedad de la arena mojada entrar por las ranuras de los dedos de nuestros pies… ¿lo sientes?, el contraste es fuerte pero no tiene comparación con lo que nos queda por recorrer…
Ahora es cuando podemos correr sobre el agua, que ahoga la distancia y hunde los problemas hacia sus más profundos adentros.
Veo tu sonrisa sincera coincidir con la mía entre infinidad de pasos a toda premura y un aliento asfixiado en furor.
Ya no hay luz, no hay cielo, no hay mar, no hay línea…
No hay espuma, ni agua, ni camino. Solo hay un punto en mitad de la nada. Nuestro punto, fuera del espacio de la “realidad”.
¿Qué me dices ahora? No contestes, yo tampoco sabría hacerlo.
Góndola.
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