viernes, 11 de octubre de 2013

XVIII - "Rojo. Relativo"

“A este ruido, tan huérfano de padre, no voy a permitirle que taladre este corazón podrido de latir…”

Tú, y los típicos pálpitos con carencia de cordura.

Se embruja el horizonte. Las cadenas, los candados.
Max Ritcher como modo de inspiración, y ese dolor insuperable que nos hace pertenecer de, tanto.

Fallacia alia aliam trudit; y así es como caen en el olvido los pájaros que ya volaron, desatándose de sus nombres, y las heridas.
Y es como quedan los rencores y la gran pregunta de “qué coño hago aquí”.
De qué sirve ignorar lo ya ignorado. Para aguantar rechinando los dientes, y las paredes.
De esquina                                                                                                                       a esquina.

Un camino desierto, la propia línea recta y, se anudan los lazos.
Se nos agrieta el suelo y     la lluvia     empapa los cristales de un ansia tóxica.





Te muerdo y se para el tiempo.

Y volvemos a rebobinar.


Donde las cuestas se hacen infinitas, el árbol desfallece y la luna se esconde.

Flashback involuntario.

¿Dónde están los lobos? ¿Dónde están las heridas abiertas?
Señora sumisión ahogada en ácido perpetuo.
Asfixia     .

Entonces corremos a cinco patas, incalculando la ira.
Se nos apaga la noche, se abren las nubes; aparece el océano ahogándonos en mareas.
En estrellas rojas. Relativas. En bocas de ceniza, en música.

Solo cuando nos volvemos a perder dándonos la vuelta ante el tiempo.

Todo marchita rápido en un ciclo impoluto, un secreto involuntario.
Un paréntesis del olvido de la  vida del ignorante que hace que sabe, y muerde la mentira. 
Apagando la vela de la cordura.
Aumentando la represión.

Hasta que amanezca la era de las mariposas, y todo se derrita de nuevo entre las curvas.


Qué Delicado.

Góndola.

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