A día de hoy no queda nada. Ni las sonrisas fingidas, ni sus
cosquillas hasta morir.
Las olas te vienen buscando el frío de los pies porque ya o
encuentran vitamina propia que a ellas mismas vaya por instinto.
El opaco de los espejos hizo que te acostumbraras a no quitar
el vaho después de cada ducha rápida de subconsciente, y se fue acumulando en
cal cristalizado, una encima de otra, para no dejarte ver.
Que no deje el agua de rozarte las heridas, duele,
admítelo,
pero es lo único que te dará vida.
Por y hasta el momento.
.Góndola.
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