domingo, 2 de junio de 2013

Me gusta eso de tener una vida rara. Más bien lo necesito, como eso, de no poder parar de escribir, 
en ningún momento, y de verte solo a ti 
en cada una 
de mis palabras.

Me gusta eso de que nadie me entienda y nadie me crea; ni viva, ese amor infinito que solo han vivido Romeo y Julieto...
Y demás parejas de cuento. Todas falsas.

Es como tener dos vidas: la tuya y la mía, o más bien la tuya y la que tienes tu tienes, contigo, reservada para siempre.
Y sí, me puede eso de tener secretos, y que nadie sepa lo que pienso más allá de una sonrisa, y que solo escribo cuando te huelo a musa, en la distancia, o me hacen oler a ti así, de cerca.

Joder, cuanto más te leo más llego, no hay otra forma en mi cabeza de tenerte.
Me gusta eso de observarte ahí, a lo lejos, para toda mi maldita vida, como un mito idealizado entre mis mundos, 
o mi única realidad,
que es la que vivo, 
sin verte nunca,
ni tenerte.

Góndola.

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