martes, 1 de noviembre de 2011

Noviembre.


El amor llegó en estado líquido, en forma de agua, como un torrencial de olas indomables que se llevaban consigo todo lo que podían arrastrar.

Quedó solo una piedra en el camino, la más fuerte. Era blanca y aunque tuviese el mayor poder, la más diminuta. Nadie se habría percatado de ella, de su existencia y su sentimiento si el verdadero cariño no se hubiese entrometido en aquel venturoso momento.

Este mineral níveo permaneció allí a pesar de que la desertización que había causado el torrencial estuviese haciendo estragos.

La indiferencia hacia todo; la esperanza, la persistencia, el amor…

Allí sigue aún, desde que llegó el oleaje y desapareció lo vano.

Ella es el punto de obsesión de todo ser existente en el planeta óseo de su cabeza. Cada milímetro de su perfecta textura suave y firme perdura igual que el primer día en el que la tempestad de sentimientos confundidos dejó paso a lo que algún día todos llegarían a sentir por primera vez, para siempre.


Góndola.

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