viernes, 2 de septiembre de 2011

V


Uno de Septiembre, cinco hojas escritas, miles de símbolos, estrellas, mares, lluvia, bosques repletos de robles grandiosos, de caricias inexistentes y miradas perdidas…

Allí estaba ella, en mitad de la nada, sintiendo la impotencia correr por sus venas, soportando la asfixia del desorden y la tierra seca, agrietada bajo sus pies.

Echa de menos la tersura, la humedad del agua, aquella canción que le anegaba la mente de momentos preciosos, correr descalza y no verse obligada a soportar los miles de clavos que la agarran y la atrapan en el principio de un todo…

Un todo que no lo tendría al completo.

No tiene opción alguna que quedarse allí, contraída entre sus brazos, con la cabeza gacha, con el miedo a recoger lo que pudo haber encontrado y devorándose consigo misma la frustración del “nada más”.

Se queda lejos de la realidad, con un océano árido por cielo, con un amor estéril, desconocido…

La inconsciencia le servirá como único apoyo.


Góndola.

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