Así andamos, sosegados sobre líneas terriblemente matemáticas...
Anoche me crucé contigo
en una cápsula de sentimientos censurados.
Allí, al igual que se esconden tus párpados,
gritan al unísono miles de súplicas al viento, de deseo.
Rondaba una noche desierta de nudos
llena de luces parpadeantes que se dirigían hacia ti, solo a ti.
En el lugar donde susurramos callar para siempre.
Y... Puedo marearme, o marearte, sin haberlo propuesto,
pero ya más tarde caerá en un olvido.
Que te quiero.
Escondernos en el mismo lugar hace que nos perdamos entre las mismas palabras.
No se necesita saber quién es quién.
Góndola.

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