
Abres los ojos cada mañana y te encuentras en un mundo donde la rutina es algo básico que todos deben seguir. Día a día…
Día a día te das cuenta de que nada cambia: Te propones una meta y luchas por ella. ¿Y si no tienes meta? ¿Para qué vives? ¿Con qué cosas intentas saciar la sed de estar en movimiento y hacer que todo pase más y más rápido?
La monotonía es algo que nos ayuda a crear una atmósfera ajetreada donde preocuparnos por el “qué hacer” es innecesario, pero… No es esa la única forma de escapar del vacío.
Hay veces que es preferible dejar los ojos cerrados y viajar hacia lugares en los que realmente SÍ que nos sentimos nosotros mismos. Donde nada se interpone y donde verdaderamente existe eso de respirar “aire puro”.
Todos nuestros mundos son distintos, no hay ninguno que se parezca al otro, ni viceversa. No quiere decir esto que en cada una de nuestras burbujas estemos solos…
Pocas personas son las que ven más allá que las demás. Que sobrepasan el horizonte que ellos mismos en cierto tiempo lograron crearse. Pocos son los que llegan a saborear el clímax de esta “Rose Experience”, pero, siéntanse afortunados porque es algo imaginablemente perfecto.
El paraíso se rinde a vuestros pies. Abran los ojos de nuevo y vean que todo cambia. Que ambos mundos se mezclan, que todo lo que entendían como “irreal” lo tienen justamente en su mano. Que todo lo que deseaban haber tenido, germina…
Vuestros sueños se hacen realidad.
Nada vuelve a ser igual que antes.
Góndola.
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